El Karma

(Si mientes, irás al Infierno)

 

La mayoría de nosotros hemos escuchado esta frase en la infancia. Hoy día, pocas son las personas que creen en la existencia de un infierno tal como nos lo han descrito. No obstante, esto es un buen ejemplo de la ley de “causa - efecto” lo que me permite  introducir la noción de Karma.

 

Karma es una palabra sánscrita que significa “acción y reacción”. Aunque para ciertas personas esta es una idea que contiene una connotación negativa, fatalista (“No es  culpa mía, es mi karma”), el karma puede ser positivo y/o negativo. Es simplemente la concretización de la ley de “causa - efecto”, que es una ley de la naturaleza, que encontraremos también en la expresión “recogemos lo que hemos sembrado”. Si sembramos el bien, recogeremos el bien; si sembramos el mal recogeremos el mal. Sin embargo, el acto de sembrar no se limita al acto en sí. Para los que han entendido esta ley inmutable, es fácil no emprender ningún acto negativo que podría tener consecuencias importantes. Todo el mundo sabe que matar o robar tendrá, tarde o temprano, repercusiones graves para nuestra vida.

¿Y las palabras... y los pensamientos?

Es lo mismo. Encontramos un ejemplo muy claro en el acto de contrición católico: “Confieso que... he pecado con el pensamiento, la palabra, la acción y por omisión...”.

Ya que el pecado ya no está de moda, podemos reemplazar esta palabra por “cometer un acto negativo o emitir una palabra o pensamiento negativo”. Lo que quiere decir concretamente que incluso un solo pensamiento negativo puede engendrar resultados negativos.

Y esto es mucho menos fácil, ya que tenemos esta tendencia a juzgar permanentemente a las personas o las situaciones. Podemos observar, constatar o emitir una opinión, pero no juzgar. Ya que el juzgar tendrá también consecuencias: “No actuéis como un juez para que no os juzguen; puesto que es de la misma manera que juzgáis que os juzgarán” (Mateo, 7-1.)

 

Dicen que la ley del karma es infalible, que tenemos que vivir inevitablemente los resultados de nuestros actos. Entonces, pedir algo que no poseemos o desear que pare el sufrimiento causado por tal o cual circunstancia de la vida, ¿no es esto intentar ir en contra de esta noción de infalibilidad?

Cuando se dice que la ley del karma es infalible, esto significa que una causa producirá necesariamente su efecto, si nada no interviene para impedirlo. Pero, si nuevos elementos aparecen, un cambio es posible.

La devoción y la oración sincera, así como arrepentirse de los actos negativos del pasado, son factores que modifican el karma. Sin estos factores, el karma producirá efectivamente sus efectos de manera infalible.

La semilla de una mala hierba crecerá ciertamente, al menos que se arranque la planta  cuanto antes.

Existen pues dos maneras de “convertir” un karma negativo: por el sufrimiento o haciendo actos positivos. La ayuda y el servicio desinteresado que se brinda a los demás produzca un karma positivo que puede borrar una deuda kármica (con la condición de que esta acción venga realmente del corazón).

Es como una formula contable: para borrar un débito, nos quedamos en la columna débitos e inscribimos otro débito negativo (sufrimiento) o vamos a la columna créditos donde inscribimos un acto positivo (una “buena acción”). Podemos elegir de que manera saneamos nuestra contabilidad con el Universo.

 

La noción del karma se encuentra también en otras religiones.

Lo que sigue son extractos de una enseñanza impartida por Ringou Tulkou Rinpoche:

 

“Lo que somos y lo que hacemos hoy, es el resultado de nuestras acciones pasadas. La manera de actuar en el presente afectará nuestro futuro. La ley del karma no funciona como las leyes concebidas por el ser humano. Nadie apunta nuestras acciones en un libro para decidir después la recompensa o el castigo. Si comprendemos el karma, seguiremos sus consejos para nuestro propio bien y llevaremos una vida más feliz. Si podemos aceptar que lo que es desagradable y difícil así como que lo que es agradable y lleno de alegría son el resultado de nuestro propio karma, ya no buscaremos algo o a alguien para culparle y no estaremos ni enfadados ni afectados. Si tenemos que vivir algo desagradable, esto no durará, es una cosa temporal que tenemos que trabajar y purificar para asegurarnos que no se repita. Podemos modificar el karma por nuestros propios esfuerzos. Cuando tenemos un problema importante, no deberíamos intentar  huir sino intentar arreglarlo con un espíritu en calma y menos agitado. Si hacemos esto, las cosas no parecerán tan difíciles.

Para mejorarnos, debemos hacer algo en cuanto a nuestras emociones negativas. Es por nuestro propio bien.”

 

Muriel Pierre

Maestra de Reiki - Bélgica