Saber y conocimiento

 

Soy maestra de primaria desde hace 25 años y la llegada del Reiki en mi vida ha provocado muchas tomas de conciencia, incluso en cuanto a mi papel de maestra.

Me siento cada vez menos a gusto delante de una "cohorte de aprendices" (para utilizar la terminología actual) que se me asigna.

Mucho tiempo se dedica al "saber", al "saber-hacer", lo que representa la parte exterior del individuo. Poco tiempo se concede al conocimiento de sí, al descubrimiento de su propio interior. No obstante, saber y conocimiento son indisociables, y desarrolladas en paralelo, abren la puerta de un espíritu armonioso.

Ciertamente, conocer bien su propio funcionamiento interno (psíquico, emocional, mental) favorece el aprendizaje y la obtención de conocimientos.

Cada vez más niños llegan al colegio con la cabeza llena de preocupaciones diversas – personales, familiares, sociales – en una palabra, trastornados.

¿Cómo se puede aprender cuando se viene tan cargado? ¿Cómo se puede aprender sin tener consciencia y confianza en su propio potencial y sus capacidades? ¿Cómo se puede aprender con el miedo constante de las dificultades, incluso del fracaso? ¿Cómo se puede aprender cuando cada minuto que no esté ocupado se considera como tiempo muerto?

No soy ni asistenta social, ni psicóloga, ni madre en mi trabajo, soy un individuo enseñando a niños, con el deseo de prepararlos a ser adultos conscientes de ellos mismos, de lo que son, de lo que pueden hacer, y plenamente responsables en la sociedad.

El sistema actual es como sigue: se acumulan informaciones, esto los lleva a un diploma en particular, para trabajar en una profesión concreta, con un estatuto social tal. Y así se llega a una sociedad donde la persona no se puede definir más que por su papel social (profesión, familia, ocio …).

Cuando, accidentalmente, uno pierde este papel, es el fin del fin, puesto que nunca ha sabido realmente quién es y lo que quiere de verdad en la vida.

Por tanto, de acuerdo conmigo misma, hago vivir a los niños "tiempos muertos", dedicados al descubrimiento de sí. Intento crear momentos de "vaciarse", de relajación, de escucha, de centrarse. Intentamos evacuar las tensiones, las preocupaciones, los miedos, aunque sea difícil.

Nos calmamos, cerramos los ojos, estamos bien calentitos en nuestro interior, y nos volvemos "capitanes de nuestro propio barco".

Intento hacerles comprender que hace falta "vaciarse" para "llenarse" mejor, que hace falta aprender a apreciar la lentitud para conocer la eficacia, que hace falta saber diluirse para poder concentrarse, que la mente funciona ella también según el ritmo de la inspiración y espiración.

Termino con un extracto de un discurso de Luther Standin Bear (Lakota), pronunciado en 1935, sobre la enseñanza:

"Para empezar, se enseñaba a los niños a sentarse tranquilamente y gozar de este momento. Se les enseñaba a servirse de su olfato, a mirar cuando aparentemente no había nada que ver, a escuchar atentamente cuando todo parecía callarse.

Un niño que no puede sentarse y mantenerse tranquilo es un niño con un desarrollo incompleto"

 

Pascale